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domingo, 6 de junho de 2010

Brasil y Argentina


Daron Acemoglu es probablemente el economista académico más influente de la actualidad. Lo que está más que justificado, ya que es referéncia en las áreas de historia económica, economia institucional, crecimiento económico, y ahora, increíblemente, también en economia del medio ambiente.


En entrevista a la revista brasileña Veja, Acemoglu habló de la importancia de las instituciones. Entre muchos temas interesantes, comparó el Brasil contemporáneo a la Argentina Kirchnerista, y concluyó que Brasil está en la dirección institucional correcta (i.e., la misma que siguieron todos los países que hoy son desarrollados), mientras la Argentina camina hacia atrás. Por qué? Porque las decisiones políticas en Brasil son cada vez más restringidas por las instituciones del Estado de Derecho (Lula fué multado cinco vezes este año por campaña electoral anticipada), mientras que el la Argentina pasa lo contrário (Cristina desafió la Ley del Banco Central, peleó, peleó, y ganó).


Yo no estoy totalmente de acuerdo con su posición, porque entiendo que las instituciones son mucho más que simplemente las reglas del juego político. Pues cuando se habla de instituciones que regulan la relación entre las personas, entre personas y empresas, y entre personas y gobierno, la Argentina, muchas vezes, está más adelantada. Y la señal más obvia de eso es que tiene niveles de desigualdad mucho más pequeños que Brasil, y políticas públicas mucho más progresistas (más sobre eso en este post).


Pero no es sobre eso que deseo opinar. Lo que si quiero defender, y para esto es muy difícil dar argumentos convencibles en un espacio tán corto como este, es que lo que Acemoglu correctamente evalua como positivo en mi país se debe al 99% a los ocho años de gobiero del más grande estadista que ha tenido el Brasil moderno. Hablo del Dr. Fernando Henrique Cardoso, que afortunadamente está vivo, participa de la política y sigue escribiendo.

Es muy frecuente que los extranjeros vean a Lula como el gran símbolo del Brasil moderno y del progreso que tuvimos en los últimos años. No soy contrário a eso, pues sería locura no reconocer que Lula, como Obama en Estados Unidos y Evo en Bolívia (pero no Hugorila en Venezuela, que es un caso totalmente distinto), representa la llegada de una etapa más alta de la democracia. Además, él logró hacer saber al mundo de las conquistas de nuestra nación - lo que es bueno para Brasil, en todos los sentidos -, y al mismo tiempo, se construyó como símbolo de eso.


Pero nada de eso hace de Lula y de su PT responsables por lo que Brasil tiene de avanzado en términos institucionales. Por lo contrário, si fuera por ellos, estaríamos casi como los argentinos, que todas las mañanas rezan para que las noches de una pareja que duerme en una casa rosada hayan sido suficientemente acaloradas para que hayan tenido buen sueño. La verdad, los "compañeros" del partido han intentado de todas las maneras (y han conseguido, muchas vezes) hacer exactamente lo mismo que han hecho los Kirchner en la Argentina: institucionalizar el clientelismo.


Concluyo este largo debate con dos observaciones. La primera es que no se deben negar los benefícios que trajo Lula para el país (como tampoco se deberían negar las conquistas de los K&K), que tienen que ver con niveles de desigualdad menos grandes y con una imagen externa positiva - factores que, para fines de evaluación del desarrollo de un país en el horizonte de décadas, son conjunturales, y no por eso menos importantes. Pero no hay que cometer el equívoco de imputarle al PT la estructura, en nivel amplio, que le está permitiendo al país caminar hacia lo que fué la Argentina en el início del Siglo 20.

La segunda observación, nuevamente imposible de justificar en pocas palabras, es que Brasil se encuentra, en el 2010, en la misma situación que estubo la Argentina hace cien años: la de una sociedad que deberá optar por seguir evolucionando de manera fuerte, perene, inclusiva, y democrática, por un lado, ó por tomarse el camino que lleva hacia el populismo, el autoritarismo, el clientelismo, y el sectarismo de los que pertenecen y los que no pertenecen a la burocracia estatal. Ya sabemos por que camino optó la Argentina. La decisión de los brasileños será tomada el 10 de octubre de este año.